Epílogo
N° 20 / Veinte /

19 / Diecinueve /

18 /Dieciocho/
XVII /dicisiete/
Actualmente prolifera la información sin procesar, así no se puede sentar uno a reflexionar. Temo que el Dios en que creo, mañana ya esté pasado de moda, o peor aún, desaparezca del mercado.
Al expresarme voy atando cabos entre las cosas que imagino, siempre pensando en transmitir una enseñanza. Jamás pretendo dar una explicación. Yo no estoy aquí precisamente para eso. Sé que la razón no me corresponde; lo propio es vivir.
XVI /dieciseis/

XV /quince/
XIV /catorce/
XIII/trece/
XII /doce/
XI /once/
X /diez/
IX /nueve/
VIII /ocho/
VII /siete/

VI /seis/
V /cinco/

Una forma que encuentra su formato pierde su gracia. Algo similar ocurre con la novia que encuentra a su esposo, pierde la gracia. Quizás haya un poco de temor y una pizca de paranoia pero hay algo real en este pensar, y es la imagen del hombre cargado de sentido común, ese perfil me causa temor. Un adulto predecible, aquel del cual huyo estratégicamente y a diario.
Había empezado la mañana casi sin darme cuenta, las horas corrían felices como corre un chico cuando se escapa por primera vez del horario de clase. El bebé protestaba dulcemente, esbozaba un llanto imperceptible. Me supuse que tendría alguna molestia que le impedía conciliar el sueño, así que bajé un poco la música a fin de poder seguir escribiendo unos minutos más. Pero no pudo ser, nuevamente hizo caca, por ende, tuve que abandonar el teclado y proseguir a cambiarla. Mientras volví a subir el volumen de la radio. Allí yo, higienizando a mi hija. En el programa de radio pasaban una entrevista a un dramaturgo local, y el tipo dijo algo así como: “estar seguro de sí mismo es repetirse, la vida es riesgo…”. A todo esto ya finalizaba de cambiar el pañal, cuando esas palabras aún flotando en el aire, eran el pié perfecto para volver a inspirarme. La oración se trasladó a este pedazo de hoja. ¿Qué pasó en la atmósfera durante el último momento? ¿ una suerte de truco de magia, una casualidad? El día a día nos susurra verdades, hay que estar atentos. Pensar que cada instante, está poblado de una coincidencia única, infinita e indescriptible en relación con nuestro modo de ser. Esa predisposición calienta la sangre de este miércoles, de una semana cualquiera, particular y bella. Quizás, no tan cualquiera.
Supongo que por este devenir del día, es que no me atrevería a delinear una teoría para ningún aspecto de mi vida. Sospecho que el trabajo del escritor, consiste en este maravilloso oficio de hilvanar ideas, descubrir las pelusitas de tiempo que andan vagando en el aire, y con ello poder tejer una buena historia. Confío en que el buen vivir, tiene que ver con este arte, de lectura activa y escritura conciente. La puta, esta vida desenfadada, que crueldad tan maravillosa.
IV /cuatro/

Continué con lo mío: cocinando gelatina, escuchando música y regando las macetas del pensamiento continúo. Tuve tiempo de sentarme, poner en palabras las sensaciones que habitan el cuerpo o lo que mi cerebro me da a entender que es mi cuerpo. Me incliné por escribir sobre los sermones, desmitificando la idea de ser un padre joven, que debe apegarse al libreto. No es cierto que para ser padre haya que abandonarse a un régimen de obligaciones. Hay infinidad de cosas que uno puede pretender y llevar a cabo. Descubrir el ser de cada día no tiene un fin, sin embargo, este ejercicio de exploración es lo que lo mantiene a uno fresco.
Las limitaciones aparecen solo en la medida en que uno comienza a convencer a su voluntad con fuentes estadísticas y la cabeza empieza a inundarse de miedos y ecuaciones de probabilidad acerca del fantasma del futuro. No hay de que temer. Siendo consecuente con esta masa en perpetua transformación, la que ostento en denominar con mi nombre, no hay mañana que pueda resultar un fracaso. Sin mentiras y sin evasiones, así lo deseo.
III /tres/

Si me miro hoy en día no me siento viejo, sin embargo hace tiempo que rompí la semilla, ya no hablo como un pendejo. He aprendido mucho, he logrado “torcer la inercia” de aquello a lo que estaba acostumbrado.
El crecer me demandó tiempo de llanto, de mirar hacia atrás y querer atacar mi sombra. Inmerso en el salón de baile, improvisando en una especie de secuestro corpóreo, la vida pasaba a través de mí como pasa una bicicleta, aplastando insectos sin saber, por el pasto verde de una plaza.
A pesar de este atropello, que se llevó las charlas con algunas amistades, el vagabundeo y otros tantos privilegios del “irresponsable”, los días transcurrieron, y al reflejarme en los ojos de ella, encuentro un brillo acertado, una corazonada que me lleva a través de la tormenta.
II /dos/

Los planes casi siempre fracasan. Sin embargo, ese fracaso inicial, de amateur, acaba por ser cuna de nuevos desafíos. Y estos a su vez, origen de gustosas y nuevas aficiones. Los guiones sí poseen alguna utilidad, dentro del marco de secuencias lógicas a seguir para alcanzar el objetivo deseado. Sin embargo, y a su pesar, son estas ideas previamente masticadas, las que luego nos llenan la cabeza de semáforos en rojo.
Cierto cantautor brasilero que ahora no recuerdo decía: “de cada pena brota un girasol”, el mister verde amarelo tenía razón. Transcurría la mañana, en cotidiana responsabilidad ordenaba la casa. Al momento barría unos pelos de algún suertudo que ligó un corte de pelo gratis. Al agacharme mi mirada reconoció un recorte de diario que tenía guardado, al leer lo que decía no pude evitar tomar el papel y pegarlo con cinta a la puerta de la heladera. Esa frase sonó como una clave: “hay que hacer algo para torcer la inercia”. Cada mañana, no dejo de preguntarme…I /uno/

historia desde el principio, eso me dije. No pretendía volver a demorarme. Todo el mundo sabe, aunque a veces lo olvide, que el camino más ágil es el de la acción. No podemos sacar conclusiones sobre lo que todavía no hemos hecho.
De esta manera, y sin preámbulos, me decidí. Decidí comenzar, con la radio sonando, con sólo un par de horas libres a la mañana, cambiando pañales, hirviendo los zapallitos para el almuerzo y con una vieja computadora con espasmos de esquizofrenia a punto de echar todo a perder. Materializando sentimientos, en un estúpido pero saludable chapuzón, en el impredecible mar alfabético y la obsesión gramatical de darle a todo un orden. Entonces la llamarada pretenciosa sale a quemar las hojas de lo que hemos aprendido y a buscar su rumbo en la libertad.
Comulgaré con la vida, le daré a cada palabra su derecho de presentarse caprichosa, angustiada, rebelde y testaruda. Y si el devenir es un atropello, entonces guiaré mis pasos por fuera del tablero de juego.