XV /quince/


   Todas esas palabras silábicas que me balbuceas, esas risas pícaras como reacciones químicas de una linda sin vergüenza. Fingís ruiditos para que mire como levantás la pierna, te miro y te reís de haber conseguido tu cometido. Que te mire y te nombre basta para que estés feliz los próximos ciento veinte segundos. Vivir con vos es intenso. Ya no puedo predecir mi próximo movimiento sin que tu dulce e insistente capricho tironee de mi poder de abstracción y termine otra vez en tus brazos. Tus bracitos que no miden más de treinta y cinco centímetros pero pueden abarcar mi atención durante varias horas continuas y desparramar juguetes y objetos por toda la casa como si fuesen papelitos al viento.

   Te quiero pequeña, aunque halla días en que mi orgullo quede desocupado para atender necesidades indispensables del bienestar familiar. Son días en que la cabeza no se oxigena. Es como la sensación de querer salir debajo del agua y que la superficie sea un manto de bolsas de nylon, acorralando las fosas nasales contra una burbuja valiente que se levanta contra la tiranía.

   Los recuerdos del día son un montón de capas de colores y planos que se suceden como fondos de pantalla durante el veloz transcurrir de las veinticuatro horas que componen la jornada. Y estas huellas digitales, bajando apuradas el telón del último acto del día, escribir…

2 comentarios:

cr dijo...

¡Qué ganas de escribir me diste! Gracias

Anónimo dijo...

por aquí mando mil besos de saludos felices para los tres

g